Mala pata

El miércoles, me llamaron al celular. Como esta dando clases, lo tenía en modo ‘vibrador’ y no atendí. Nos dieron especiales instrucciones de no dejar usar el celular, en clases, a nuestros alumnos. Y no puede ser, que le prohibamos a ellos, el uso del celular y lo usemos, los docentes. Aunque a decir verdad, no todos piensan igual y esa ley, no es para todos. Así que mientras, los alumnos no pueden usar el celular, hay profesoras que se pasan la hora, enviando ‘wsp’ a diestra y siniestra.

La verdad que yo, uso poco el celular como teléfono. La mayoría de las veces con uno o varios mensajes de whatsapp se resuelve todo. Fue justamente por eso que no atendí. Teóricamente, casi todos mis contactos saben que por la mañana doy clases y no puedo hablar por teléfono. Incluso los ‘wsp’ los respondo en los recreos o al mediodía, cuando estoy almorzando o antes de empezar a trabajar a la tarde. Así que no atendí la llamada.

Además, no sé por qué, muchas de las llamadas entrantes, la pantalla del celular me muestra la leyenda ‘número desconocido’ y por mucho que modifiqué la configuración, no logré evitar esto. Así que no supe quién me llamó hasta que volvió a hacerlo al mediodía, cuando ya había terminado de dar clases. Era, Enzo, el hermanito de Luciano (‘hermanito’ es un decir, porque tiene 16 años y está para el ‘crimen’, aunque, el pendejito salió hetero, tiene una noviecita y todo eso…)

Como les decía, era el hermano de Luciano, el que me llamó al colegio. Me dijo que no me asustara, que todo estaba bien pero que Luciano había tenido un ‘accidente’ en el trabajo y estaba en la ‘guardia’ de un sanatorio céntrico de nuestra ciudad. Por lo que me dijo, el ‘accidente’ lo sufrió en el trabajo. Aparentemente, bajaba por una escalera, desde el primer piso a la planta baja, se tropezó con el alfombrado de la escalera y cayó rodando.

Consecuencias: contusiones, traumatismos, corte en la frente y fractura de una mano y una pierna. Un desastre mayúsculo. Como fue un accidente ‘laboral’ lo llevaron a un sanatorio de la ART (Aseguradora de los Riesgos del Trabajo) de ‘medio pelo’ (categoría regular) para que le prestaran los primeros auxilios. También me dijo que estaban ahí la madre y la abuela y que si quería ir, que fuera, pero me avisaba para evitar quilombos.

Así que sin pensarlo fui a su encuentro en el sanatorio que me había indicado. Cuando llegué ya estaba la madre, la abuela y también un tipo de la boutique donde trabaja. Obviamente, ni la madre ni la abuela me dirigieron la palabra y me ignoraron olímpicamente. Por suerte, estaba Enzo, que me dio más precisiones. Y si bien, no soy ‘santo de su devoción’, desde que supo que Luciano y yo, somos pareja, Enzo, nunca se mostró distante ni me demostró tampoco la iniquidad de la madre. En fin…

A Luciano le dijeron que iba a quedar internado y que posiblemente lo tuvieran que operar para colocarle un clavo. Gracias a Enzo, que intercedió ante la madre, pude verlo a Luciano, en la habitación que le habían asignado. Estaba bien aunque muy dolorido y sedado. Me contó como había sido todo y me pidió que me quedara tranquilo y no me preocupara porque entre la madre, la abuela y unas tías se iban a encargar de cuidarlo en el sanatorio y después cuando lo externen y vaya a la casa.

Obviamente no dije nada y le dije que se quedara tranquilo que todo iba a estar bien. Mi deseo era llevarlo conmigo al campo pero quién lo iba a cuidar? La única que podía hacerlo era la mujer del Juanma. Tomi o yo cuando no trabajara. Quizás, alguno de los chicos, pero iba a ser todo un quilombo. Así que lo mejor era que Luciano se fuera a convalecer a la casa de la madre. Ahí lo podían cuidar la madre, la abuela y las tías y podían turnarse.

El único problema era que la madre de Luciano no quiere que ‘pise’ su casa y mantenía esa actitud y yo por más que argumenté, frente a Enzo, mis razones y motivos, el pendejito no pudo torcer la actitud de la madre. Así que no me queda otra que contactarme con él por medio de las videollamadas. Luciano sabía que esto iba a pasar y no le vi sentido hacer ningún quilombo, porque Luciano se iba a sentir mal e incómodo por una situación que no la iba a poder cambiar.

El médico dijo que lo iba a controlar semanalmente para ver si la fractura se soldaba sola, teniendo en cuenta la edad de Luciano. Y si eso no se producía, lo iban a tener que operar para colocarle un ‘clavo’. Y que tenía para 2 meses dependiendo el tiempo de recuperación y rehabilitación. O sea, que Luciano tiene para más de un mes, si todo va bien. Y si la ‘cosa’ no va como la esperan, tiene para 2 o 3 meses? Contando este mes de ‘espera’… Se entiende no? Qué ‘mala pata’ (mala suerte)!

Así que esa es la situación y no sé qué hacer.  No tiene sentido que diariamente, yo me vuelva al campo, más teniendo en cuenta que, Luciano se va a quedar en la casa de la madre por un buen tiempo y el Tomi, trabajando de noche, me trastoca todo. Creo que lo mejor es que yo, por este tiempo, me vuelva a vivir a la ciudad. Pero, me ‘jode’ (molesta) provocarle al Tomi, por el hecho de mi traslado, una inestabilidad no querida, pero otra opción no tengo. De última, Tomi podría seguir viviendo en el campo, pero no sé si va a querer quedarse solo. Porque si el Tomi no quiere quedarse en el campo y se vuelve a la casa de mi viejo en la ciudad, no habría lugar para mí. Entonces, yo tendría que ir a vivir al departamento del Gasti, sino tiene inconvenientes, o de la Agus o pedirle alojamiento a alguien, hasta que se aclare un poco el panorama porque la verdad,  hoy por hoy, es todo un ‘quilombo’ (lío)!

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Ganas de vos

El tema no sólo es tranquilizar al Colo y sus temores sino también a los miedos de la madre, que no solamente los vuelca en las ‘nenas’ que son las más chicas sino que también los traslada al Colo. Será porque de todos los varones es el más chico? Sea lo que sea, ese temor hace que el Colo, sea un chico sumamente inseguro. Además lo controla y lo mezquina bastante y el Colo no hace mucho para evitar ese control y disfrutar de la libertad que tienen los más grandes. En fin.

De ahí que me resulta imposible, hacer como hice con el Gonza, de ir al campo, un viernes, aprovechando que Luciano se queda a dormir de la madre y quedarnos a dormir allá y pasar el sábado teniendo sexo y disfrutándonos. Así que combinamos encontrarnos un sábado, tipo 10, después de haberlo dejado a Luciano en el trabajo y de hacer algunas compras en el centro. El asunto era si quería ir al campo o quedarnos en la ciudad e ir al departamento del Gasti.

El Colo prefirió está vez quedarse en la ciudad. Así que eso fue lo que hicimos. Compramos en un pequeño negocio del barrio del Gasti, cosas para desayunar y nos fuimos directamente al departamento. Ahí desayunamos y estuvimos hablando de miles de cosas diferentes que nos estaban pasando. Después nos empezamos a ‘franelear’ (acariciar) al tiempo que nos acordábamos de nuestro primer encuentro y de todo lo que sentimos y vivimos esa vez.

Obviamente, nuestra calentura fue aumentando hasta que nos empezamos a desnudar. Me gusta lamer la piel blanquísima, llena de pecas, que tiene el Colo y que me ofrece, permanentemente para que yo la saboree. Lo mismo que su pija y su culito lampiño que me vuelve loco lamer y dilatar con mi lengua primero y con mis dedos después, para volverlo totalmente expugnable y poder penetrarlo y recorrerlo a mi gusto y placer durante un buen rato.

Después nos duchamos y pedimos nuestro almuerzo a un restaurante cercano que nos lo envió por medio de un delivery. Luego vimos tele y nos comenzamos a franelear y a calentar nuevamente y en menos tiempo del que me llevó a contar esto, volvimos a la cama, nos desnudamos totalmente (estábamos en ropa interior) e hicimos otro ’69’ con la diferencia de que yo me dediqué a chupar la pija del Colo mientras él con su lengua y sus dedos comenzaba con mi dilatación.

Poco después y esta vez yo, como ‘pasivo’, recibía en mi boca, como debe ser, la caliente, espesa y abundante descarga seminal del Colo, hecho que volvería a repetir un rato después cuando me penetró y me hizo suyo por segunda vez. Luego, nos volvimos a duchar y ya no tuvimos tiempo para más. Alcancé al Colo hasta cerca de la casa de un amigo y quedamos en llamarnos para concretar otro ‘encuentro’ próximamente. Después fui a buscar a Luciano, al club donde hace natación.

Como siempre, le mandé un ‘wsp’ avisándole que ya había llegado y esperé en el auto a que saliera. Pero, después de estar un buen rato esperando, decidí enviarle otro ‘wsp’ preguntándole si le faltaba mucho. Como no me contestó, esperé un rato más y finalmente, decidí entrar al club y buscarlo. Pero, en los lugares que lo busqué, no lo encontré. En la piscina quedaba un grupo de personas pero no Luciano. Tampoco en los vestuarios, ni en el bar ni en la sala de masajes ni en ningún lado.

No habrá ido a nadar esa tarde? Le mandé un ‘wsp’ a Enzo, el hermano de Luciano, preguntándole por el hermano, pero me dijo lo que yo suponía: había ido a nadar. Hice lo mismo con Carlitos y con cada uno de los ‘pollitos’. Todos me decían lo mismo: que se había ido a nadar. Coño! La verdad que ya comenzaba a alarmarme. Había pasado casi media hora y de Luciano ni noticias. No sabía que hacer. Luciano no tiene tantos amigos con quien estar. Además, sabe que paso siempre a buscarlo.

Si hubiera hecho otros planes seguro que me lo habría dicho… Así que decidí llamarlo. El teléfono sonó hasta que me derivó al contestador automático. La verdad no sabía que hacer. En eso estaba cuando recibí el primer ‘wsp’ de Luciano: ‘ya salgo’, luego, un segundo después, otro: ‘estoy saliendo’. Finalmente, decidí ir a su encuentro. Y lo encontré sonriente y relajado. Me dio un beso y me agarró de la mano. Así mientras íbamos al auto, desarrollamos el siguiente diálogo:

Yo: dónde estabas?

Luciano: me estaba bañando… 

Y: yo fui a buscarte y no te encontré.

L: lo que pasa que no había agua caliente en el vestuario de los mayores, así que me fui al vestuario de los menores. 

Y: y te dejaron bañarte en ese vestuario? 

L: sí, le dije al encargado que tenía 16.

Y: y se la creyó?

L: supongo que sí. Además no había nadie duchándose.

Y: y no escuchaste mis mensajes o cuándo te llamé por teléfono? 

L: no. Debe ser porque el vestuario está hecho con hormigón armado que interfiere la señal de celular. Porque los ‘wsp’ me llegaron todos juntos. Y apenas los recibí, te contesté al ‘toque’ (rápido).

Y: sí, está bien, como te demoraste tanto, pensé que no habías venido. Le hablé a Enzo y a Carlitos pero no tenían idea.

L: está bien, no problem.

Y: por suerte fue nada más que un ‘desencuentro’, pero me hiciste ‘cagar’ (asustar). Ya no sabía que pensar! Y si te llegaba a pasar algo me muero!

L: en serio lo decís? Si me hubiera pasado algo, enseguida te hubieras enterado. Las malas noticias ‘corren’ (se saben) rápido. Además, en el celular tengo tu número, como primer número de emergencia. Así que si me pasa algo, al primero que llaman es a vos. Después, sigue mi mamá, mi hermano y también Carlitos, así que por ese lado, estoy cubierto.

Y: bueno, está bien, pero no quiero ni pensarlo. Qué querés que hagamos? Querés que vayamos a algún lado? 

L: la verdad que estoy ‘muerto’ (muy cansado). Vamos a tomar algo y después compramos algo para comer y nos volvemos al campo, dale? Tengo ‘ganas de vos’ y que estemos solos esta noche… Sí? Querés?

Qué le voy a decir? Que no? Este pibito me ‘puede’ (gobierna). Hace y deshace ‘a piacere’ (a placer). Hace lo que quiere conmigo y no puedo ponerle límites. El sentimiento que tengo para con él, es más fuerte que yo. Por suerte, por ahora, todo lo que hacemos, lo hacemos consensuadamente. Siempre en forma amigable, conciliadora, amistosa, mancomunada. Luciano es sumamente dócil, sumiso y obediente a mis caprichos más increíbles. Creo que no concientiza el poder que tiene sobre mí. Podría ser despótico, tirano y arbitrario, como Joffrey Baratheon, el pendejito que hace de rey, en la serie ‘Guerra de Tronos’ y yo sería su Sansa Stark. Bueno o malo, aceptaría ser su esclavo. En cambio, Luciano, me deja ser su dueño. Amo a este pibito como pocas veces amé en esta vida y él, me devuelve, con creces, y con hechos, todos los sentimientos que yo deposito en él. Espero que estas sensaciones, duren y perduren, por los siglos de los siglos. Amén! Jeeeeee…

Alfredo

Alfredo es uno de los hijos de Federico. Tiene 21 años y nos conocimos casualmente, cuando auxiliamos a su familia, una noche que estaban varados en la ruta, porque el auto del padre por un desperfecto mecánico los dejó de a pie. Alfredo es muy lindo, casi un ‘diosito’. Su familia le dice ‘Freddy’. Seguro que es gay y que está ‘enclosetado’. Al menos eso es lo que parece. En nuestro primer ‘encuentro’ prácticamente no hablamos. Sólo intercambiamos miradas y hasta ahí.

Pero esa noche, no hubo oportunidad para nada porque Alfredo rehuía cualquier tipo de contacto. Evitaba el diálogo y evitaba mi mirada. Noches pasadas, Alfredo, en nombre del padre, me llamó para invitarnos a una cena que se haría en la casa, el viernes 10. Recordé que Luciano, los viernes a la noche va a cenar a la casa de la madre y se queda a dormir. Así que le pregunté si quería ir.  Luciano me dijo que sí. En cambio, Tomi no podía porque esa semana trabajaba de noche.

Como Luciano también tenía que trabajar al día siguiente y pensaba ir a dormir a la casa de la madre, le propuse que en lugar de eso, fuéramos a ‘dormir’ al departamento del Gasti. Pero Luciano no quiso porque adujo que íbamos a volver tarde y seguramente haríamos el amor y no dormiríamos. En eso tenía razón, pero era una oportunidad de salir de la rutina y no necesariamente, tendríamos que tener sexo. Pero Luciano no quiso y fin de la historia. Iba a tener que dormir solo esa noche.

Así que el viernes, fuimos a la cena en la casa de Alfredo. Ahí nos enteramos que Federico padre es de doble apellido y que se dedica a la abogacía, ya que el estudio jurídico está en la planta baja mientras que su casa está en la planta alta. Federico hijo no estaba. Sí, Eugenia y Alfredo. El más chiquito tampoco. Cuando llegamos, ya había gente en la casa, así que Federico padre, nos presentó a sus  amigos, como ‘amigos’ a nosotros también.

Cenamos en el quincho del jardín del fondo de la casa, el infaltable asado. El lugar está bárbaro y hasta ‘pileta de natación’ (piscina) tiene. Antes del asado, sirvieron la clásica “picada” de quesos y fiambres. Las otras personas, en su mayoría eran matrimonios. También había algunos hombres solos. Todos eran de edad similar a Federico padre. Es decir, casi todos eran ‘maduritos’. Así que no tuvimos otra opción que socializar entre nosotros (Luciano, Eugenia, el novio de Eugenia, Alfredo y yo)…

Eugenia, que estaba con el novio, volvió a monopolizarlo a Luciano a quien no le vi en ningún momento, algún tipo de incomodidad. Por suerte para mí y a diferencia del primer encuentro, Alfredo estuvo más ‘abierto’ (conversador). Así pudimos comunicarnos y conversar más entre los dos, aunque no pude evitar mirar de reojo, varias veces a Luciano. Me sorprendió, la segunda vez que los miré, que el novio de Eugenia ya no estaba aunque ellos seguían hablando animadamente.

Nosotros (léase Alfredo y yo) también lo hicimos pero nuestra conversación estuvo caracterizada por el hecho que al principio, tenía que sacarle a Alfredo, las palabras con ‘tirabuzón’ (a la fuerza). Creo que el gusta de mí, como yo gusto de él. Los dos, intuíamos la homosexualidad del otro, incluso mi radar-gay me indicaba que Alfredo tenía agua y que me podía ‘tirar’ (avanzar) tranquilo sobre él y aunque el pibito se mostraba un poco más vivaz, se mantenía algo reservado.

Yo no quería tomar la iniciativa, porque tenía miedo de ‘espantarlo’ (asustarlo) de entrada. Finalmente y después de hablar bastante, no tuve otra opción que tomar ‘al toro por las astas’. Cuando nos llamaron a la mesa, nos sentamos juntos. Ahí volvieron a cruzarse nuestras miradas varias veces para luego integrarnos a la conversación que Eugenia, el novio y Luciano, venían manteniendo y que era totalmente superficial e intrascendente, típico de las conversaciones sobre ‘bueyes perdidos’.

Al finalizar la cena, cuando estábamos haciendo la sobremesa, le pedí a Alfredo si podía indicarme donde estaba el baño. Eugenia me dijo como llegar al baño de la casa, que estaba en el piso superior, sobre el bufete jurídico del padre. Pero como parecía medio complicado, llegar a él, Alfredo se ofreció a guiarme. Realmente, no parecía, era complicado. Al llegar, como estaba ocupado, Alfredo, decidió llevarme al baño de la planta baja, al que accedimos a través del garaje.

Ahí, mientras Alfredo me esperaba, para poder guiarme nuevamente hasta el ‘quincho’, me preguntó si la estaba pasando bien, y se disculpó, porque el padre, no nos había dado mucha ‘bola’ (prestado atención) en toda la noche. Yo le contesté que sí y que se lo tenía que agradecer a él, porque era mucho más simpático y ‘dado’ (extrovertido) que el día que nos conocimos. Y que podíamos ser buenos amigos, porque por lo que habíamos conversado, teníamos gustos parecidos.

Alfredo, me miró a los ojos y me dijo que sí. Entonces, le confesé que yo era ‘gay’ y que esperaba que eso no le molestara y que no fuera la causa por la cual nuestra amistad no se diera. También le dije que no se alarmara porque no pensaba seducirlo ni nada. Y que esperaba que me guardara el secreto ya que yo estaba ‘tapado’ (enclosetado) ante el mundo y quería que así siguiera, en especial con el padre, que aparentemente sentía cierto afecto por nosotros pero no sobre los gays..

Especialmente, por los comentarios ‘homófobos’ que había hecho el padre en un momento y seguido por todos sus amigos. Con ese ‘verso’ (justificación) seguí un tiempo, hablando del tema de la homosexualidad y la sociedad rosarina y mirándolo, de tanto en tanto, para ver como reaccionaba. No sé por qué pensé que Alfredo también me iba a decir que era gay, pero, Alfredo no dijo nada ni admitió nada tampoco. Sí se puso algo molesto con mi confesión pero me prometió que mi ‘secreto’ iba a estar seguro. Me preguntó si Luciano también era gay y le dije que sí, pero no le dije que éramos pareja sino solamente amigos. Después, volvimos al quincho. La telaraña estaba extendida. Ahora, es solamente cuestión de tiempo. Esperar pacientemente hasta volver a encontrarnos y que Alfredo, madure mi confesión y se anime él también, a confesarme su orientación sexual. Solamente, es cuestión de encontrarnos en otro momento y seducirlo, para hacerlo incursionar en unas experiencias, que según me parece, no sé por qué, todavía no experimentó. Y no es para menos, teniendo semejante troglodita homófobo como Federico padre y sus amigos. Voy a tener que darle tiempo a Alfredo. Como ‘depredador’ que soy, según Betulo, ahora tengo que esperar que, tarde o temprano, mi ‘presa’ caiga en la trampa. Quizás demore, pero estoy casi seguro, que más tarde o más temprano, va a caer… jeeeee…

Amigo con derechos

El Colo cumplió 19 años. Organizó un encuentro para los amigos más íntimos y, obviamente, también me invitó, como debía ser. Como correspondía. Pero como la mentira tiene ‘patas cortas’, mi mentira le hizo honor al refrán. El Colo no invitó a Luciano. Porque aunque sabe que tenemos algún tipo de relación, nunca se lo ‘blanqueé’ (denuncié) ni tampoco nunca le dije que éramos pareja, sino simples amigos ‘con derechos’. Porque por la manera de ser del Colo, si le digo la verdad no me da más ‘bola’ (atención), de ahí que prefiero que desconozca los detalles.

Aún así, tengo que cuidarme de no ‘pisarme’ (traicionarme). Ni con Luciano ni con el Colo. Y aunque Luciano perdona mis infidelidades, porque él tiene sus ‘encamadas’ (sexo) con Carlitos, y yo lo dejo hacer, prefiere que yo le ‘blanquee’ con quien ando. Yo podría ‘blanquear’ al Colo, pero, también está el Gonza, y realmente no sé por cuál decidirme. Para colmo, ahora apareció el Pela, quien me ocasiona más indecisión todavía. Luciano mientras esté ‘picoteando’ con Carlitos, seguro que no me va hacer problemas, salga con quien yo salga, por aquello de la justicia ‘recíproca’ pero…

Así que tengo que pensarla bien antes de dar cualquier paso. Y mi asistencia al cumpleaños del Colo, lo pude negociar con el hecho de que, si ‘dormía’ esa noche con Carlitos, yo podía ir al cumpleaños del Colo sin mayores problemas. Así que así se lo planteé a Luciano: que un ex alumno del colegio me había invitado a su cumpleaños y para que él no se quedara solo podía decirle a Carlitos de ir a dormir con él o sino ir los dos, al departamento del Gasti. Luciano me dijo que la iba a pensar y me preguntó si el pibito que cumplía años era gay y me pasaba ‘algo’ con él.

Le dije la verdad pero a medias. Que ya le había hablado del Colo y que me gustaría que se conocieran porque tienen casi la misma edad y el Colo está pasando por algunas circunstancias parecidas a las de él (léase Luciano). Y que me gustaría integrarlo a nuestro grupo más íntimo porque el Colo también tiene vergüenza que otros lo reconozcan como gay y por eso mismo, las veces que lo invité a mi casa de la ciudad, me dijo que no. Incluso, le mentí diciéndole Luciano, que le había dicho al Colo que nosotros éramos ‘pareja’ para que no tuviera pruritos para acercarse y aún así no quiso.

Y como sé positivamente que el Colo está sufriendo su homosexualidad me gustaría acercarlo a nosotros pero hasta ese momento no había tenido suerte. Así que esa fue la versión ‘oficial’, claro que la ‘extraoficial’ es otra. Así que pude ir a los festejos del Colo por el cumpleaños, que hizo en un bar. No éramos muchos, y, a algunos chicos, los conocía del colegio. Otros, eran del club donde practica básquet y uno solo, de la facultad, del que se hizo muy amigo aunque ya se conocían no sé de donde. Y, aunque yo era el más ‘mayorcito’, la pasamos bien.

El Colo ‘histeriqueó’ conmigo como cuando nos conocimos en el asado del colegio. Como me senté a su lado, no hubo entre nosotros, muchas miradas pero las que hubo, fueron tan intensas que tuve miedo que alguno se diera cuenta que ‘algo’ entre nosotros había. Después, las caricias en la mano, en el brazo y en la pierna, se sucedieron permanentemente durante toda la noche y me hicieron calentar hasta límites increíbles. Para colmo, en varias oportunidades, el Colo me tocó la pija, que la tenía re parada. Pero no hubo oportunidad de nada. Ni siquiera cuando fuimos juntos al baño.

Porque por mucho que le propuse, no quiso hacer nada. Y eso que lo metí en uno de los ‘cagaderos’ (wc) y lo franeleé y besé hasta el delirio, pero, no hubo manera de convencerlo que se dejara coger/follar. Tampoco quiso chupármela ni pajearme ni nada. Tenía miedo que alguien entrara y nos encontrara en esa sospechosa situación de encontrar a dos tipos juntos metidos en un ‘cagadero’. Así que volvimos a la mesa, con menos orina pero con más líquido seminal y yo con una calentura que era de no creer. Después, cuando terminó todo, lo llevé a la casa.

Antes de llegar, estacioné en una estación de servicios de una avenida que pasa cerca de la casa. Cargué nafta y tomamos un helado adentro del auto y no había gente cerca, nos dimos permiso para hacer algunas ‘cosas’ que el Colo no se había animado a hacer en el baño del bar. Nos ‘franeleamos’ un buen rato y nos pajeamos y nos felacionamos recíprocamente hasta eyacular. El Colo me pone a mil y yo también a él. Después, hablamos de nosotros y de lo que estamos pasando, sintiendo y haciendo. El Colo la tiene clara: no quiere ser mi novio ni tampoco, mi ‘pareja’. Quiere seguir haciendo lo que estamos haciendo. Ergo, ser muy buenos amigos ‘con derechos’ pero hasta ahí. Así que aproveché para blanquearle todavía más mi relación con Luciano, aunque esta vez le dije que mi relación con Luciano era ‘abierta’ y que nos íbamos a permitir ciertas ‘infidelidades’ y que justamente por eso me gustaría que se conocieran. El Colo me dijo que la iba a pensar pero que no me prometía nada. Lo único que me prometía era que íbamos a seguir siendo amigos ‘con derechos’ durante muuuucho tiempo… jeeeeeee…

 

Todo tiene solución?

La verdad que vivir en el campo tiene sus pro y sus contras como dije en un post anterior. La ‘contra’ es más que nada económica. Estamos gastando mucho dinero, en combustible, que no gastábamos antes y que no se amortiza, aunque seamos 3, los que diariamente vamos y venimos. Creo que lo que estamos gastando en combustible es el alquiler más las expensas de un muy buen departamento en Rosario. Así que estamos evaluando esto.

Ya pasaron por nuestras opciones: 1) ir y venir en ómnibus de línea o 2) instalar un equipo de ‘GNC’ (gas natural comprimido) en la Ecosport o 3) alquilar un departamento en Rosario. Claro que las 3 opciones tienen sus contras. El ómnibus nos soluciona un problema pero nos instala otros. Tendríamos que levantarnos más temprano que ahora, ir en la Eco hasta el pueblo, dejarla estacionada cerca y ajustarnos a los horarios de pasada, tanto de ida como de vuelta. Un ‘quilombo’ de aquellos.

La otra sería instalar un equipo de ‘GNC’ (gas natural comprimido) y que parece lo más viable. Pagaríamos para la instalación, el doble del gasto de combustible en un mes, pero ese gasto se amortizaría con el tiempo (calculamos que en 6 meses recuperaríamos el dinero invertido). El GNC, acá, está 50% menos de lo que cuesta un litro de nafta especial. Es decir, que nos estaríamos ahorrando $ 6.000 por mes, que no es ‘moco e’ pavo’!

Eso por un lado, pero por el otro, con $ 12.000 (u$s 650/€ 600 aproximadamente) podemos alquilar un departamento a ‘todo culo’ (muy lujoso) de 2/3 dormitorios y demás dependencias, más un dormitorio con baño de servicio y que podría utilizar Tomi o cualquier otro que quiera venir a vivir con nosotros. Además tiene quincho con asadores, piscina y cochera con baulera y en una zona semi céntrica muy residencial. Así que estamos ‘deshojando la margarita’ (estamos dudando qué hacer).

El único que se perjudicaría sería Tomi, que volvería a estar lejos del trabajo. De última, podría quedarse a vivir en el campo y desplazarse en una motito, para ir hasta la ruta y tomar el ómnibus. Y, como trabaja en turnos rotativos, no siempre tendría que salir de madrugada. Lo malo es que tendría que vivir solo, aunque para sacarse las ‘ganas’ lo tiene al Juanma y también al Nico o a cualquier otro que quiera llevarse. Incluso, el Tato podría ‘visitarlo’…

O el hijo del puestero, que se llama Juan Cruz pero le dicen ‘Juan’ a secas. Tiene 20 años y no creo que sea gay pero ‘bi’ no sé. Acá en el campo, las mujeres escasean y no es fácil que un ‘hetero’ soltero encuentre dónde meter la pija. Así que, o le paga a alguna ‘puta’ (prostituta) de la ruta vieja o se coge/folla a algunos de los ‘trolos’ (gays) del pueblo. Y la verdad que muchos gays en el pueblo no hay y los que hay, son muy ‘indiscretos’, así que mejor, no tener nada con ellos.

De ahí, que los bi, sino se consiguen una ‘minita’, terminan haciéndose una paja, o viajando a San Lorenzo o a Rosario, buscando un agujero donde meter la pija y sacarse la leche. Por eso y por la ‘facha’ (atractivo) del Tomi estoy seguro que Juan Cruz, tarde o temprano, va a sucumbir a los encantos del Tomi. A no ser que Tomi se lo lleve al Nico a vivir con él para no estar tan solo y reafirman de una buena vez y para un buen tiempo que son ‘pareja’ y todo eso.

También tendría la posibilidad de irse a vivir con nosotros, a la ciudad, aunque creo que, de volver, volvería con mi viejo y mis hermanos. Creo que siempre, va a preferir esto último porque no va a perder la oportunidad de seguir disfrutándolo al Tato (o al Nachito, cosa que no me consta, pero yo no pongo las manos en el fuego por ninguno de los pájaros) porque por más que ellos lo desmientan, es igual que decir que ‘las brujas no existen, pero que las hay, las hay’! Y Luciano no sé, si no se lo habrá ‘movido’ (cogido/follado) al Tomi, porque de enemigos cordiales, pasaron por todas las etapas hasta ser ahora, ‘culo y camisa’ y yo no creo que hayan solucionado sus ‘diferencias’ por medio del diálogo y sí por medio de la cama. Además, el Tomi, no nos dijo nunca que no a ninguno de nosotros, de ahí que soy tan mal pensado… Como verán las opciones son muchas y todas son muy buenas y mirándolo bien, todo tiene solución… menos la muerte, obvio. Jeeeeeee…

Chocolate con leche

‘Chocolate’ es un chico estadounidense, de 16 años, que se está alojando en casa y que vino a la Argentina, junto con otros chicos, por un programa de intercambio estudiantil que hizo el colegio donde trabajo con otro colegio de los EE.UU. ‘Chocolate’, es de raza negra. En realidad, se llama Steve, pero, sus compañeros, le dicen ‘Chocolate’ y como acá creemos que decirle ‘Chocolate’ es peyorativo, lo llamamos por su nombre. Pero, así y todo, me gusta, entre nos, decirle ‘Chocolate’.

Los otros chicos que vinieron con ‘Chocolate’, están alojados en otras casas de compañeros del curso del Nachito. Steve es, uno de los dos chicos estadounidenses, de raza negra. Otros dos son latinos y el resto, son de raza blanca. Los conocí el mismo día que llegaron y que el colegio los agasajó con un almuerzo, en el que participaron los alumnos de los tres cuartos años y también varios de sus docentes, entre ellos, el director general y yo. Todo transcurrió en un clima alegre y muy amistoso.

Después, trasladé a ‘Chocolate’ y al Nachito a mi casa. Como el Tomi ya se mudó al campo porque comenzó a trabajar, hicimos un enroque de ocupantes de los dormitorios. El Tato pasó a ocupar el dormitorio del Nachito y éste y ‘Chocolate’ fueron al dormitorio del Tato y del Tomi aprovechando que allí había dos camas. Una vez que ‘Chocolate’ se acomodó, quiso ducharse y dormir/descansar un rato. Al anochecer, buscamos a Luciano al trabajo y luego fuimos a cenar a un resto-bar de la zona.

Allí estuvimos hablando de miles de cosas y mientras eso pasaba me dediqué a observar a Steve. No debe ser de raza negra pura porque tiene algunos rasgos que indican lo contrario. La nariz (por ejemplo) no es tan ancha como la tienen los negros. Tampoco es tan negro, sino, es más del tipo marrón oscuro. Tampoco es un ‘diosito’ como a mí me gustan, pero tiene algunas cosas como para aspirar a esa categoría. Pero hasta ahí. Mi radar-gay no funcionó con este pibito y no me indicó nada.

Quizás el hecho de hablar otro idioma (aunque habla muy bien el español) interfiriera en el reconocimiento, o definitivamente, ‘Chocolate’ no es gay. Y si así lo fuera, tampoco puedo ‘avanzar’ sobre él, por varios motivos que describo después. Toda esta larguísima introducción es porque quiero contar algo ‘significativo’ que me pasó en la casa de la ciudad, con este pibito, un atardecer que fui a buscar ropa de verano, porque ni Luciano ni yo llevamos al campo, nuestro vestuario completo.

Sólo lo hicimos con la ropa de estación y hasta ahí. Apenas entré a casa, el silencio y la oscuridad me envolvieron. Ergo, pensé que no había nadie. Así que fui a mi ex dormitorio, donde ahora duerme mi viejo y cargué en dos bolsos, todo lo que pude, de la ropa de verano de Luciano y mía. Cuando estaba por salir, vi la luz encendida del baño grande. Pensando que se habían olvidado de apagarla, entré confiadamente al baño y allí estaba ‘Chocolate’, recién duchado y como dios lo trajo al mundo.

La sorpresa fue de los dos, pero, creo que yo fui el más sorprendido. ‘Chocolate’ no se inmutó mucho ni tampoco hizo gestos o movimientos para cubrir sus ‘partes’ mientras que yo, balbuceante, pedía las disculpas correspondientes. Igualmente, observé a ‘Chocolate’ de la cabeza a los pies, pasando obviamente por su pija, bastante interesante por su tamaño y también por sus nalgas redondeadas y musculosas. Es verdad que los de raza negra son ‘pijones’!

‘Chocolate’ se quedó mirándome, sin decir nada, pero, luego se enrolló, lentamente, un toallón alrededor de la cintura y se terminó la sinfonía visual que estaba disfrutando. ‘Chocolate’ sabía que yo era gay, pero no dijo nada respecto a eso y, en cambio sí dijo:

Chocolate: lo siento, discúlpame…

Yo: no tenés que disculparte, la culpa fue mía por entrar sin pensar que podía haber alguien en el baño…

Ch: olvidé cerrar con llave la puerta del baño…

Y: está bien… no sos ni el primero ni vas a ser el último chico que veo desnudo en mi vida… aunque reconozco que es la primera vez que veo desnudo a un chico de tu raza…

Ch: no soy gay…

Y: ya lo sé… Yo sí soy gay, pero por más que yo sea gay, no voy a intentar nada con vos, ok? Aparte sos alumno mío y huésped nuestro. Todo un combo que tengo que respetar. De todos modos, reconozco que sos un muy lindo chico.

Ch: ok, gracias…

Y: espero que esté todo bien entre nosotros, entonces y que siga así, podemos ser muy buenos amigos, si vos querés, obviamente…

Ch: sí, claro que quiero… 

Y: buenísimo, amigos entonces? 

Le extendí la mano para darnos un apretón de manos, pero, en lugar de eso, se apegó a mí y me abrazó. Obviamente, que yo respondí a su gesto e hice lo mismo. En ese abrazo pude notar, por la presión de nuestros cuerpos y a través de mi ropa y del toallón que nos separaba, que la pija de ‘Chocolate’, se le estaba parando, mientras la mía hacía otro tanto… También creo que nos quedamos abrazados más tiempo de lo normal, o a mí me pareció eso, cuanto notamos que nuestras pijas erectas, se entrechocaban. Entonces, nos separamos, algo confundidos, rápidamente… Quedó tiempo para que nos lanzáramos un mirada penetrante e interrogadora, como buceando cómo, cuándo, dónde y de qué manera ese ‘encuentro’ podría continuar. Pero no hubo más diálogos entre nosotros. Nos miramos atentamente una vez más y después, yo me fui para la cocina y me puse a preparar café. Apenas, unos minutos después, el Tato y el Nachito abrieron la puerta de entrada de mi casa. Les grité que estaba en la cocina y cuando llegaron a mí, les conté cuál era el motivo de mi presencia allí. También le dije que ‘Chocolate’ se estaba bañando y si querían tomar café conmigo. El Nachito me dijo que no y el Tato me preguntó si después de ir a buscar a Luciano, nos quedábamos a cenar, pero le dije que no, que mejor otro día… Algo así como ‘soldado que huye, sirve para otra guerra’… jeeeeeeee…

Oktoberfest y el Pela

El sábado 28 y el domingo 29 se organizó en mi ciudad el ‘Oktoberfest’ (fiesta de la cerveza) local. Una manera de aumentar la venta de los negocios de gastronomía que están sobre una hermosa e importante avenida de la ciudad: la avenida Pellegrini. Y también, es una fantástica excusa, para tomar cerveza sin límite y también para promocionar la increíble variedad de cerveza ‘artesanal’ que se está fabricando en Rosario y que la está posicionando en los primeros puestos en el país.

Y como la cerveza, en mayor o menor medida nos gusta a todos, al igual que otras convocatorias, habíamos acordado ir todos los ‘diositos’ pero, como siempre, terminaron yendo algunos, mientras que otros, se pegaron el ‘faltazo’ (no fueron) vaya a saber por qué. Será posible que no podamos juntarnos todos? Aunque esta vez, el grupo fue mayor, porque algunos ‘diositos’, fueron con amigos nuevos y novios y también integramos a los ‘pollitos BB’. Al final, terminamos siendo un ‘batallón’!

A los ‘pollitos BB’ los pasé a buscar con Carlitos. Los padres de los ‘diositos BB’ confían ciegamente en Carlitos. Como dice el refrán, ‘confiá en el santo y no le prendás una vela’… jeeeee… Carlitos, que es muy simpático y maduro, les genera a los padres de los ‘BB’,  una simpatía y un afecto que les es imposible negárselo. Así, padres-hijos-Carlitos, están contentos. Los padres confían en Carlitos, éste ‘transa’ (tiene sexo light) con los hijos y todos felices. Qué más puede pedir?

Carlitos me había dicho que esa noche, quería ‘dormir’ con Luciano y para eso, le había pedido permiso a la madre para que nos quedáramos a dormir en su casa y no tuviéramos que volver al campo. También me dijo que había hecho los arreglos, para que uno de los ‘pollitos BB’, el ‘Pela’, que gustaba de mí, ‘durmiera’ esa noche conmigo. El ‘Pela’ también me gustaba y me entusiasmó la idea de compartir cama con él. Además, Luciano me dio la ‘venia’ (permiso) para que lo ‘avanzara’ al BB.

Nos habíamos puesto de acuerdo en encontrarnos en la misma esquina donde comenzaba el Oktoberfest. Como la avenida donde se hacía la fiesta, está cerca de donde viven los ‘pollitos BB’, aproveché para estacionar el auto frente a la casa de Carlitos, pasar a buscar a los ‘pollitos BB’ y caminar las pocas cuadras que nos separaban de la avenida. Definitivamente, ese barrio me ‘puede’ (tiene poder sobre mí). Qué lindo es!

Así que después de pasar a buscar al último de los ‘pollitos BB’, fuimos caminando hasta la avenida. Grupos de chicos y chicas, iban hacia nuestro destino. Llegamos alrededor de las 10 de la noche, hora que habíamos convenido encontrarnos. El hecho de juntarnos un sábado, hace que Franco, que es chef, no pueda ir. Pero, y los otros? Qué tienen que hacer más interesante que ir a disfrutar con amigos de unas cervezas y la posibilidad de ver ‘diositos’ nuevos y hasta ‘avanzarlos’ (seducirlos)?

Como Carlitos caminaba cerca de Luciano y yo, el resto del ‘pollaje BB’ pululaba alrededor nuestro. Y con tanta gente, nos fuimos separando del resto. Era un mundo de gente y se nos hacía prácticamente imposible caminar y mantenernos unidos. Además, hicimos varias paradas para escuchar a algunos grupos musicales y también para tomar cerveza gratis, en uno de los puestos callejeros, que el dueño era amigo de un amigo del Lucho y de Juani.

Particularmente, a mí no me gustó esa cerveza pero bueno, gustos son gustos. Pero como estábamos con los estómagos vacíos, decidimos ir a comer pizza y aprovechar a tomar cerveza, que estaba a precios promocionales. Y después de mucho caminar, casi 20 cuadras, sin encontrar un lugar para albergar a todos los que éramos, decidimos dividirnos. Nosotros con los ‘pollitos’ y los ‘pollitos BB’, fuimos a una pizzería, mientras que el resto de los ‘diositos’, buscó suerte en otro lado.

A las 2 de la madrugada, decidimos que la noche terminara, así que fuimos repartiendo a los ‘pollitos BB’ a las casas. Al único que no llevamos a la casa fue al ‘Pela’. Así que terminamos yendo a la casa de Carlitos. La madre había salido con el ‘novio’ y después se quedaba a dormir en la casa del tipo. Por ende, los dos dormitorios eran para nosotros. En el dormitorio de la madre de Carlitos, se acostaron Luciano y Carlitos. El Pela y yo, nos acostamos en el dormitorio de Carlitos.

Tomamos jugo en la cocina, que nos había dejado la madre y estuvimos conversando un rato. Después nos fuimos a dormir. Carlitos tiene una cama ‘marinera’. Así que el Pela se acostó en la cama de arriba y yo en la de abajo. Como hacía calor, nos desvestimos y quedamos solamente con la ropa interior puesta. Apagamos la luz y nos acostamos de lado para poder conversar. Del dormitorio vecino, apenas nos llegaban algunos sonidos opacados que no lográbamos descifrar.

En cierto momento, cuando ya nuestros ojos se habían acostumbrado a la oscuridad, decidí ‘avanzarlo’ al Pela. Con mi mano toqué una de  sus manos que se aferraba al borde del colchón. El pibito no dijo nada. No movió la mano y dejó que nuestras manos se tocaran. Se la acaricié con uno de mis dedos y le pregunté si le ‘jodía’ (molestaba). Como me dijo que no, en silencio, logré que nuestros dedos se entrecruzaran. Segundos después, lo aferré más fuerte y le dije:

Y: vení…

P: qué?

Y: querés venir a acostarte acá, al lado mío?

Y sin decirle más nada ni esperar respuesta, tiré suavemente de la mano del Pela hacia mi cama. El Pela, no se resistió y se deslizó de la cama superior a la inferior hasta que quedamos enfrentados de lado. Le pregunté si estaba cómodo y me dijo que sí. Después, le re pregunté si estaba bien. El Pela me dijo que sí. Como respuesta, le pasé mi mano por la espalda y lo atraje hacia mí, hasta que prácticamente, quedamos ‘pegados’. Lo único que no se tocaron, fueron nuestros rostros.

Mis brazos lo rodeaban por arriba, por el cuello, y por abajo, por la cintura. Le dije que me gustaba y le pregunté si él gustaba de mí. Me respondió con un ‘sí’ tímidamente, así que decidí darle un ‘pikito’ (beso en los labios). El Pela respondió abriendo los labios y me devolvió el beso. Ante esa respuesta tan positiva, me dediqué a besar más profundamente aquella boquita que me ofrecía tan generosamente en la oscuridad del ambiente.

Así seguimos un buen rato, besándonos y franeleándonos, hasta que en cierto momento, le llevé al Pela, una de sus manos hacia mi pija, mientras le decía que me pajeara y yo hacía otro tanto con la suya. Después, puse al Pela boca arriba, le saqué el boxer, le abrí las piernas, me acomodé entre ellas y empecé a chuparle la pija. El pibito me dejaba hacer. Mientras se la chupaba, con uno de mis dedos, intenté meterlo en su boca. El Pela, se lo engulló y comenzó a chuparlo con fruición.

Eso era lo que estaba esperando. Le introduje dos dedos en la boca y la recorrí detalladamente. El Pela tomó con sus manos la mía y comenzó a chupar increíblemente, gimiendo muy despacio. Esa fue la señal inequívoca que estaba esperando. Dejé de felacionar su pija, me quité el slip y me arrodillé a horcajadas, al lado de su cara. Le apoyé mi pija sobre los labios del Pela y en menos de lo que canta un gallo, el Pela abrió la boca y dejó que se la metiera casi hasta el fondo.

Y mientras el Pela chupaba, yo encendí una ‘luz de noche’ que iluminó tenuemente el ambiente. Después, lo seguí pajeando al Pela, hasta que acabó, sobre su vientre, no la cantidad de leche que esperaba de un pibito adolescente, pero bueno, es lo que hay. Yo no le acabé en la boca del pibito como me gusta hacerlo con todos mis ‘diositos’. Era su primera vez y no quería eso, al menos ese día. Así que, cuanto estaba por ‘acabar’ (eyacular), saqué mi pija de la boca del Pela.

Me deslicé un poco más atrás y le dije que me siguiera pajeando. Al rato, le eché mis hectolitros de leche sobre la cara y el pecho. Le limpié con mi slip, la leche de la cara, y lo volví a besar en la boca mientras desparramaba, con mis dedos, nuestras leches sobre su cuerpito. Le dije de ducharnos juntos y lo llevé, desnudo y pringoso, al baño. Ahí nos duchamos rápidamente, nos volvimos a besar y franelear y después, fuimos al dormitorio y nos acostamos juntos en la cama marinera de arriba.

Carlitos, desnudo como vino al mundo, al escuchar los ruidos que hicimos cuando nos acostamos, se asomó por la puerta de la habitación y nos vio acostados de lado, muy juntos, desnudos, abrazados e inocentemente preguntó:

Carlitos: todo bien?

Yo: si, por?

C: ah, no, nada, bueno… (y nos guiñó un ojo)


Y: …

Yo agarré al Pela de los glúteos, lo atraje hacia mí y le di unos cuántos besos en la boca y metiéndole la punta de mi dedo índice en su agujerito anal, le hice prometer al Pela, que esa ‘cola’ (culo) iba a ser solo para mí… jeeeeeee…

Cagaso (miedo)

El jueves de la semana pasada hizo un calor ‘de cagarse’ (excesivo). La temperatura subió a los 30º C y la alta humedad, hicieron que el ambiente fuera sofocante. Como siempre, fui a buscar a Luciano a la salida del trabajo y de ahí fuimos a tomar una cerveza, con los ‘pollitos y algunos de los pollitos BB’, que se están haciendo ‘habitués’ de un barcito que abrió cerca de donde viven. Luciano goza de estar entre los ‘pollitos’ y también, con los ‘pollitos BB’ y, obviamente, yo también.

No hay con qué darme. No puedo evitar la atracción que siento por los ‘pollitos BB’. Especialmente por uno que me tira ‘onda’, que le dicen ‘Pela’, porque tiene el pelo cortado al ras. En realidad, se llama Ignacio y tiene 16 años. Luciano lo sabe y ellos también, pero saben que Luciano no me dio ‘licencia’ para tener nada con ellos y yo por ahora, le respeto esa decisión. Igualmente, nos juntamos para tomar algo, charlar de ‘bueyes perdidos’ y después, ellos se van a sus casas y nosotros, al campo.

Ese jueves, habían anunciado una alerta meteorológica, con fuertes vientos, lluvias torrenciales y potencial caída de granizo. Pero, a la hora que nos volvíamos, el cielo estaba semicubierto y nada presagiaba una gran tormenta. Así que cenamos como siempre y nos contamos las contingencias del día. Después de cenar, lavamos los platos y acomodamos todo. Como el calor todavía era sofocante, Luciano decidió ducharse antes de ir a dormir. Yo lo había hecho apenas habíamos llegado.

El Juanma y su señora, Anita, todavía andaban por ahí, terminando de acomodar todo. A Anita, le estamos pagando un pequeño salario para que nos prepare la cena, ya que últimamente, por culpa del calor, llegábamos muy cansados y sin ganas de cocinar. Así que, mientras Anita andaba por ahí y Luciano, se terminaba de duchar, yo me quedé con el Juanma, Juan Cruz y el Tomi hablando de ‘bueyes perdidos’. Juan Cruz está viniendo todas las noches a casa a pasar el rato con nosotros.

Juan Cruz ya sabe que los tres (léase Luciano, Tomi y yo) somos gays y que Luciano y yo, somos pareja. Lo que no sabe es que tuvimos sexo, el Tomi y yo, con el Juanma y que el Juanma, a pesar de que ahora está casado con Anita que tiene tres agujeros donde meterle la pija, igual sigue bien ‘dispuesto’ a sacarse la calentura con cualquiera de nosotros. Los únicos que desconocen esto de nosotros con el Juanma, son Luciano y Juan Cruz por un lado y Anita por el otro.

Esa noche, fuimos caminando hasta la tranquera para mirar el horizonte. Allá lejos, en el sur (en este hemisferio todas las tormentas fuertes vienen del sur), el cielo era un único relámpago e infinita, la caída de los rayos. Pero estaba tan lejos, que suponíamos que iba a llover muy de madrugada, al amanecer. Ahí nos despedimos. Juan Cruz se fue a su casa y el Juanma a la suya. El Tomi y yo, volvimos a la nuestra. Antes de llegar, llegó a nosotros, una brisa fresca, con olor a ‘tierra mojada’.

Le dije al Tomi si podía estacionar la Ecosport debajo del alero, por si granizaba, mientras que yo, iba a buscar faroles y velas, por si se interrumpía la electricidad y ‘no daba’ (no tenía sentido) encender el grupo electrógeno. Luciano se había terminado de bañar y ya estaba en la cama, totalmente desnudo, acostado boca abajo, como invitándome a que lo penetrara. Obviamente que no lo hice esperar. Comencé con unos masajes, luego nos acostamos de lado y empezamos a besarnos y franelearnos.

Al rato, nada más, cuando ya tenía mi pija dentro de la boca de Luciano, que succionaba con desesperación, mientras se ‘pajeaba’ (masturbaba), comenzaron las violentas ráfagas de viento que pre anuncian la llegada inminente de la tormenta. Pero contrariamente a lo que creíamos, la tormenta se desencadenó en ese momento. Obviamente, la energía eléctrica se interrumpió como suponía. Los relámpagos nos iluminaban permanentemente y los truenos eran cada vez más fuertes.

Y se desencadenó lo que pensábamos que era el ‘apocalipsis’. El viento era fortísimo! Aullaba entre los árboles y golpeaba tan fuerte los postigos de las ventanas, que pensamos en un momento que las sacaría de ‘cuajo’ (arrancar de su lugar). Inmediatamente, comenzaron a caer rayos por doquier, produciendo ruidos espantosos que parecía que el fin del mundo se abatía sobre nosotros. Junto con los primeros rayos comenzó a llover torrencialmente. El cielo se abrió encima nuestro!

Nosotros detuvimos lo que estábamos haciendo. Los rayos caían cercanos. Incluso, sentimos como se nos erizaba el pelo en la nuca. O sea, que la electricidad en el ambiente era mucha. Los relámpagos no cesaban y los truenos tampoco. Parecía, como en los dibujitos: teníamos las nubes de la tormenta encima de la casa. Desnudo como estábamos, fuimos a la cocina y desde allí, miramos la tormenta que se desencadenaba encima nuestro, afuera. El cielo (o el infierno) se desplomaba sobre nosotros.

Segundos después, descalzo y apenas vestido con un boxer, se nos unió el Tomi. Y, aunque no dijo nada, nos dimos cuenta que realmente, los tres, teníamos un ‘cagaso’ (miedo) ‘padre’ (muy grande). En la ciudad, vivimos muchas tormentas, algunas muy fuertes, fortísimas, pero nunca habíamos sentido los embates de la naturaleza como esa noche. Y eso que vivíamos en un 10º piso! Estábamos los tres parados, impávidos y silenciosos, mirando como la tormenta desarrollaba toda su furia.

Vimos, iluminados por los relámpagos, como muchas ramas de los árboles más añosos se desplomaban por el fuerte viento. El viento aullaba y entraba por las rendijas, haciendo que en la casa, se escucharan como lamentos. ‘Sinyuá’ o como se escriba, el nombre del perro de la Agus, se había metido en su canasto de gomaespuma y desde allí gemía. ‘Micha’, la gata de Luciano, directamente dormía, en su acolchado, ajena a lo embates de la naturaleza.

No sé cuánto tiempo pasó, pero no tenía sentido seguir ahí parados, desnudos, en la oscuridad, mirando como la tormenta, afuera, se abalanzaba sobre nosotros. Los relámpagos nos iluminaban permanentemente. A Luciano lo tenía abrazado por la cintura. Y el Tomi, valiente como es ante cualquier peligro, se rindió a la violencia de la naturaleza y se pegó a mí. A él también lo abracé por la cintura y lo atraje. El Tomi al igual que Luciano, me rodeó la cintura con los brazos.

No pudimos encender los faroles porque no tenían combustible. Así que encendimos una vela que apenas iluminó la cocina y magnificó nuestras sombras. Realmente estábamos ‘cagados’ (asustados) pero no decíamos nada. Poco o nada podíamos hacer. Además, qué era lo peor que nos podía pasar? La casa es de material y de construcción antigua, de la época cuando todas las cosas se hacían con materiales buenos y resistentes. La tormenta, por muy fuerte que sea, seguramente no nos iba a dañar. Comenzamos a sentir el frío. Calenté café y lo bebimos, parados y pegados nuestros cuerpos, mientras comíamos chocolate con maní, en barra, golosina infaltable en casa. Cuando terminamos, decidimos irnos a la cama. Cuando Tomi, se estaba despidiendo, para volver a su dormitorio, Luciano, lo agarró de la mano y le dijo, que la noche estaba demasiado ‘hostil’ para dormir solo. Y, le sugirió, que durmiera con nosotros, en nuestra cama. El Tomi me miró interrogándome con la mirada y le dije que me parecía una muy buena idea. Le tomé la otra mano y con Luciano, llevamos al Tomi a nuestro dormitorio, a nuestra cama. Lo que siguió a continuación, se los dejo librado a la imaginación de cada uno de ustedes: tres ‘diositos’ gays, tres pijas, tres culos, tres bocas… Afuera, la noche dejaba que la naturaleza se explayara. Y adentro de la casa, también… Jeeeeeee….

Cuidate

Así, como el título del post, decía el primer ‘wsp’ (mensaje de whatsapp) que recibí. El número del celular del remitente del mensaje no lo conocía. Así que no podía saber quién era el que me escribía. Obviamente, le contesté lo que les respondo a los ‘wsp’ anónimos que recibo casi permanentemente y que casi todos son de alumnos que me van agregando a nuevos grupos de whatsapp o a sus propias agendas de contactos:

– Disculpá pero no te tengo agendado y no sé quién sos.

Además, ese wsp parecía una advertencia, o un aviso, o un consejo. Necesitaba saber algo más. Por lo menos, quien remitía ese mensaje. Y como la pendejada de acá (supongo que en todo el mundo), cambia de celular como yo cambio de slip, podía ser cualquiera. Excepto algunos amigos que están viviendo en el extranjero (Marco, Yani y Caio) y los que viven en el pueblo, que tienen otra característica, el ‘boludo’ (tonto) anónimo definitivamente tenía que ser de Rosario.

Alfredo? Por qué no? Yo le di mi número de celular al padre. Él tranquilamente, podía haber sacado mi número de celular de los ‘contactos’ del padre. El segundo ‘wsp’ me llegó a los pocos segundos de haberle contestado el primero. Yo estaba en clases y no quería distraerme, menos usando el celular, cuando nos está especialmente recomendado a los docentes, que no usemos ni dejemos usar, los celulares en clase. Así que el segundo ‘wsp’ recién lo leí en el recreo:

– Cuidate porque sé lo que hacés.

Le contesté que yo hacía ‘muchas’ cosas y no sé a qué se refería. Además sino me decía quién era, lo bloqueaba porque me estaba molestando, ya que estaba trabajando y no podía ni debía distraerme. El tercer wsp fue la continuación del segundo:

– Cuidate de ese ‘pendejito’ que te estás ‘comiendo’ (cogiendo/follando)

Le contesté que no tenía idea de lo que estaba hablando mientras mi cerebro funcionaba a millonésimas de vueltas por segundo sobre qué hacer: bloquearlo e interrumpir la comunicación y quedarme con la intriga de cuál era la intención que tenía o seguir hablando por medios de ‘wsp’ o la solución más radical de todas que era llamarlo directamente. Decidí tomar ‘al toro por los cuernos’ y hablarle por teléfono.

La primera vez no contestó y dejó que su celular llamara infinidad de veces. Atendió la segunda vez. Y apenas dijo ‘hola’ ya descubrí por la entonación el acento portugués/brasilero. No era la voz de Caio. Tampoco la de Thiago, el hermano de Caio. Quién más? Conocía a varios brasileñitos más, pero con ninguno, que yo recordara, había hablado por teléfono. Definitivamente, me estaba cansando, así que le manifesté mi fastidio y mi intención de interrumpir la comunicación.

Ante mi taxatividad, rápidamente, se dio a conocer. Era Luiz Antonio (Luizao), segundo hermano varón de Caio. Había venido con el hermano más chico, Álvaro, a reconocer el terreno, ya que la idea del pibito era estudiar medicina, en la Facultad de Medicina de Rosario y habían venido a ver las condiciones de ingreso, departamentos en alquiler, el costo de vida y demás datos que consideraba necesarios saber para concretar la idea de Álvaro.

La verdad que me alegró muchísimo escucharlo. Le dije que me habían alarmado sus ‘wsp’. También le pregunté cómo sabía que yo era gay. Me dijo que Caio se lo había dicho. Y que yo estaba de novio de un ‘pendejito’ (léase Luciano) y que por eso me habían ‘cargado’ (molestado) por teléfono. Le contesté que sí, que era gay, que estaba viviendo ‘en pareja’ con un ‘pibito’ pero que no era tan ‘pendejito’ como ellos creían y que me gustaban los ‘pibes’ muy lindos, como él y los hermanos.

Se quedó unos segundos en silencio y me contestó:

Luizao: te estás ‘tirando’ (seduciendo)? Yo no soy gay…

Yo: jaaaaa… ya sé, te estaba ‘jodiendo’ (embromando). Pero, no puedo con mi naturaleza y no puedo dejar de intentarlo. Siempre fuiste un lindo ‘garoto’ (chico) y me gustaste desde siempre. Pero como sé que no sos gay, nunca te dije nada ni te molesté… Pero, dejemos de hablar por teléfono y encontrémonos. Yo tengo un buen rato de tiempo libre para almorzar, querés que nos encontremos y charlamos mientras almorzamos?

Luizao aceptó la invitación pero me avisó que estaba con un amigo rosarino y si podía ir con ese chico también. Obvio que le dije que sí y que sus amigos eran mis amigos. Al ratito nomás, estábamos frente a frente. Qué bellezas de chicos! Los dos hermanos tenían algún parecido con Caio. El rosarinito no era tan lindo pero tenía su atractivo. Los padres de Caio, sí que saben hacer ‘diositos’! Luizao y Álvaro son ‘diositos’ increíbles! Por favor! Tanta carne y no se puede comer!

Almuerzo por medio, me enteré de los detalles de los planes de Álvaro y dos amigos más, todos brasileños, que no habían viajado con él, pero que lo harían próximamente. Así que estuvimos hablando un poco de todo: de ellos, de sus planes, de Caio, de mí y de Luciano y del resto de los ‘diositos’ que conocían. También, hablé telefónicamente, con el Nesti, para que los ayudara a encontrar un departamento para alquilar, con las características que buscaban. Antes de irme, los invité al campo, a pasar el fin de semana. Así podíamos aprovechar, para estar un par de días juntos, conocernos más y después, los alcanzaría hasta el aeropuerto. Pero, no podían. Ya tenían planes con amigos, durante el fin de semana, pero me dijeron que aceptaban mi invitación, la próxima vez que vinieran, a mediados de diciembre. Bueno, quizás no pueda disfrutar de sus cuerpos como a mi me hubiera gustado pero si puedo (podemos) disfrutar de su compañía y sacarme la ‘calentura’ con Luciano. Además, ‘la esperanza, es lo último que se pierde’. O no? Jeeeeeee…

Miradas que dicen

El domingo 15 de octubre, se celebró acá el ‘Día de la Madre’. A la noche de ese día, volvíamos a casa, Tomi, Luciano y yo. La autopista no estaba transitada y a veces, cuando la humedad es alta, se forman bancos de niebla, complicados para atravesar. También, muchas veces, se complica más porque de los campos vecinos encienden fuegos, para quemar pastizales o basurales, que hace que el humo que se desprende, al mezclarse con la niebla, provoque una sustancia densa y peligrosa.

Esa noche, por suerte, no había niebla. De pronto, después de una curva amplia, nos encontramos con un auto estacionado en la banquina, bien señalizado y con sus balizas encendidas y sus 5 ocupantes haciéndonos señas para que nos detuviéramos. Al principio, sentimos algo de temor e íbamos a seguir si detenernos. Pero, nos dio lástima así que detuve la Ecosport como 100 metros más allá de donde estaban. Una persona, caminando por la oscura banquina, vino a nuestro encuentro.

Nos dijo que se llamaba Federico y que su auto, un flamante Audi de 4 puertas, se había detenido sin causas aparentes. Nos pidió, ‘por favor’,  si los podíamos ayudar. En ese lugar ninguno de ellos tenían señal de celular y hacía como una hora que estaban detenidos allí sin saber que hacer y sin que nadie los ayudara. Nuestros celulares, en ese lugar, tampoco recibían señal, así que fuimos con Federico, unos kilómetros más adelante, hasta tener señal en el celular y pedir un servicio de remolque.

Luego, regresamos por la vía contraria, hasta donde estaba el Audi detenido. Allí, Federico, hizo las presentaciones de rigor: Federico, el hijo mayor, casi como yo, de 25 años; Alfredo, de 23; Leandro de 16 y Eugenia, la única mujer, de 18. Excepto, Alfredo, muy apetecible y bastante cercano a la categoría de ‘diosito’, los otros varones, estaban bastante distantes de esa clasificación. La ‘minita’ igual que Federico padre y Alfredo, era muy, pero muy atractiva. Un ‘diosito’, pero femenino.

Luego, nos presentamos nosotros. No les dijimos que eramos gays, ni que Luciano y yo éramos ‘pareja’. Primero, porque tratamos de mantener un perfil ‘bajo’ y segundo, porque no teníamos más intenciones que ayudarlos, sin relacionarnos amistosamente con ellos. Así que dijimos que éramos amigos y que vivíamos en el pueblo siguiente y que para allá íbamos y que diariamente hacíamos ese recorrido para ir y venir a y de nuestro trabajo, en San Lorenzo y en Rosario respectivamente.

Y, ‘ya que habíamos hecho 30, hacíamos 31’, nos quedamos con ellos hasta que llegó el auxilio mecánico. Así los dos Federico, padre e hijo, se fueron en la camioneta del auxilio mecánico, remolcando el Audi hasta la estación de servicios en la autopista. Entretanto, yo llevé al resto de los hijos hasta el mismo lugar. Cuando llegamos, Federico padre, quiso pagarnos la ‘gauchada’ (favor) que le habíamos hecho, cosa que, obviamente, no aceptamos.

Entonces, nos invitó a cenar, ahí mismo, a modo de agradecimiento por lo que habíamos hecho por ellos. Eso sí aceptamos. Así que mientras cenábamos sandwiches y pizza con gaseosas, descubrí que Eugenia no despegaba la vista de la cara de Luciano y conversaba únicamente con él, muy animadamente, pero en voz baja. Alfredo, me miraba atentamente, pero cuando nuestras miradas se encontraban, el pibito, rápidamente, esquivaba el ‘encuentro visual’.

Debido a eso, de tanto en tanto, miraba de reojo a Eugenia, que monopolizaba la conversación con Luciano. También me di cuenta, que Alfredo, si bien no participaba de ninguna conversación en particular, seguía observándome atentamente. Mi radar-gay, no me decía nada. Además, ese no era el momento. Alfredo no parecía gay, sin embargo, no sé si era la manera de mirarme o algunos gestos o qué, pero es bastante fácil para un gay reconocer a otro gay por muy ‘tapado’ (en el closet) que esté.

Además, las señales eran imperceptibles, y yo tenía dudas. Alfredo sino era gay, era bi, pero me ‘jugaba’ (apostaba) que ‘le gustaba la masita’ (era gay). Leandro y Federico, estaban absortos con sus celulares. Así que, Federico padre, el Tomi y yo éramos los únicos que conversábamos animadamente entre nosotros. Alfredo, solamente me miraba con esas ‘miradas que dicen’ pero nada más… Estaría intentando una comunicación telepática? Jaaaaaa… Pero qué podía hacer yo? Las veces que lo miré a los ojos, esquivó mi mirada. No podía ni siquiera intentar hablar individualmente con él, ya que Federico padre, dirigía su conversación hacia el Tomi y yo. Al rato, llegó otro ‘auxilio mecánico’, esta vez de la concesionaria Audi de Rosario y también una Van que hacía de remis y que iban a llevarlos a Rosario. Así que nos despedimos, no sin antes intercambiar, Federico padre y yo, el número de nuestros celulares y prometerles, que nos encontraríamos para comer un asado todos juntos, en su casa de fin de semana. Luego, nos despedimos y ya no volvimos a saber de ellos. En fin… Cosas de la vida…